La Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) en su Carta Magna o Carta Constitucional (1946), definió la salud como “El estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Bienestar físico, mental y social, están relacionados entre sí. Cada uno de ellos influye sobre los otros. “Por eso, una persona que goza de bienestar físico es capaz de lograr fácilmente su bienestar mental y social. De la misma forma, con salud mental es más fácil conseguir bienestar físico o social”. La salud “no se reduce a un estado físico individual como puede apreciarse, sino que se mezcla con elementos que superan el límite de lo físico individual: lo mental, el bienestar, el funcionamiento social, el equilibrio personal, la calidad de vida, etc.; elementos todos ellos que conforman la salud como un concepto racional o ecológico, toda vez que supone que ella tiene que ver con el modo en que el ser humano se sitúa en relación a su contexto vital, social y natural”. Hoy se dice que se goza de salud si se tiene calidad de vida, entendiendo calidad de vida como el resultado de una aproximación cuantitativa y estricta o mayoritariamente económica a la cuestión de cómo viven las personas. La calidad de vida abarca todos los aspectos de la vida, tal y como lo experimentan los individuos, incluyendo exterioridades tales como “salud, matrimonio, familia, trabajo, vivienda, situación financiera, oportunidades educativas, autoestima, creatividad, competencia, sentido de pertenecer a ciertas instituciones y confianza entre otros” (Levy y Anderson, 1980:6-7).
Las anteriores reflexiones obligan a mirar una particularidad de vital importancia en los tiempos modernos y que tienen que ver con la calidad de vida: la situación financiera. Si los profesionales en medicina evalúan el estado de salud de las personas a través de un diagnóstico, también las personas y las empresas requieren de profesionales que valoren su salud financiera a través de herramientas de análisis que identifiquen sus fortalezas y debilidades. Si se hace un paralelo entre el profesional en Medicina y el profesional en Administración Financiera, se pueden encontrar algunas similitudes cuando se trata de evaluar la salud (física y financiera) de las personas.
En lo que tiene que ver con la salud física, la Medicina utiliza sus teorías, métodos y herramientas en la detección de enfermedades que pueden originar problemas serios e incluso llevar a la muerte. Un ejemplo de ello son el infarto al miocardio y los accidentes cerebro vasculares. Estas enfermedades se deben fundamentalmente a una obstrucción que impide la perfusión del músculo cardiaco o del tejido cerebral. Si se hace la analogía con la salud financiera de las personas (naturales o jurídicas), éstas también sufren sus infartos cuando no cuentan con la liquidez suficiente para atender sus compromisos; los flujos de efectivo son importantes porque la salud financiera de una empresa depende de su capacidad para generar cantidades de dinero suficiente para pagar a sus acreedores, empleados, proveedores, propietarios y todas las demás actividades estratégicas. Sólo se puede gastar efectivo. Sin efectivo, la muerte empresarial, casi es inminente.
Otra enfermedad muy común en nuestros días es la que se relaciona con el aparato locomotor, el cual está compuesto por: puntos de movimiento (articulaciones), estructuras motoras (músculos y tendones) y estructuras desencadenantes del movimiento (sistema nervioso central y periférico). Esta unidad funcional que está compuesta de materia, fuerza y regulación, es más o menos susceptible del trastorno de todos sus componentes y pueden llegar a afectar la forma o la función. El sobrepeso (enfermedad que ha llegado a catalogarse como epidémica) e incluso el estrés, puede originar problemas en el aparato locomotor a tal punto de hacer que las personas sufran lesiones que impidan un movimiento ágil y preciso. En las empresas tal situación se observa en la actividad propia de su objeto social. Por ejemplo, una acumulación de inventarios (originada por un bajo nivel de ventas o un exceso en los pedidos) y de cuentas por cobrar (causada por deficientes políticas de recaudo o una mayor amplitud del período de cobro sin ningún tipo de análisis), pueden provocar una sobrecarga que se reflejará en una lenta rotación de activos y en un deterioro de los indicadores de rentabilidad y liquidez de la empresa.
Otro ejemplo, entre muchos otros, es aquel que tiene que ver con el sistema inmunológico. La tarea del sistema inmunológico “consiste en identificar las cosas que son propias (es decir, que de manera natural le pertenecen al organismo) y las que son ajenas (es decir, todo lo que es extraño o peligroso) y luego neutralizar o destruir lo que es ajeno al organismo”. La inmunidad se desarrolla a medida que el sistema madura y que el organismo aprende a defenderse contra diversos invasores, llamados antígenos. “Una adecuada función inmunológica, es un complejo acto de equilibrio”. Llevada a las empresas, el Administrador Financiero será quien se encargue de mantener el equilibrio a la hora de distribuir correctamente los recursos, buscando con su esfuerzo su optimización y posterior maximización de valor. El éxito en estas actividades dependerá de la luz potente con que se ilumine el camino de la empresa y de la capacidad de reacción que se tenga al momento de enfrentar los obstáculos. El Administrador Financiero está preparado para identificar aquellas amenazas del entorno y de actuar de manera efectiva a través del equilibrio que debe existir entre la planeación y el control financiero.
Así como el Médico es a la salud de las personas, el Administrador Financiero es a la salud de las empresas. Es tan importante estudiar Medicina como estudiar Administración Financiera. La Medicina tradicional es “la suma de todos los conocimientos teóricos y prácticos, explicables o no, utilizados para diagnóstico, prevención y supresión de trastornos físicos, mentales y sociales, basados exclusivamente en la experiencia y la observación, y transmitidos verbalmente o por escrito de una generación a otra…”. La Administración Financiera es la rama de la administración que se encarga básicamente de tres decisiones: inversión, financiación y dividendos. A través del diagnóstico, la planeación financiera y el control financiero, los profesionales en este campo del saber formulan acciones encaminadas a maximizar el valor del dinero en el tiempo, alargando así el ciclo de vida de las organizaciones. En los tiempos de la globalización, sin una excelente salud financiera, no hay empresa que perdure.
